Querida vida, me has enseñado tanto en tan poco tiempo. Me has enseñado a cachetadas ya caricias, me abriste los ojos, me enseñaste que las cosas que creía que perdurarían hasta el fin de los tiempos se me pueden escapar como arena entre los dedos. Y como los vínculos que creía inquebrantables, poco a poco se desvanecen. ¡Ay vida mía! me enseñaste tan bien que muchos querrán matarme y pocos morirían por mi.
No me has dado instrucciones, pero me has dado a entender que en mi locura puedo encontrar mi felicidad. Me enamoré de ti porque como dice el poema: “Jamás me dejarás sin antes yo dejarte a ti”
Me has dado todo por lo que yo he luchado y por las malas me has quitado las cosas y personas que ya no necesitaba e igual, no quería dejar ir.
Espero seguir disfrutando y aprendiendo de ti vida, ya que eres una dura maestra; pero justa y sé que en esta carta me quede corta de palabras y enseñanzas que me has dado. Pero aún nos queda tiempo, vamos despacio.
No me has dado instrucciones, pero me has dado a entender que en mi locura puedo encontrar mi felicidad. Me enamoré de ti porque como dice el poema: “Jamás me dejarás sin antes yo dejarte a ti”
Me has dado todo por lo que yo he luchado y por las malas me has quitado las cosas y personas que ya no necesitaba e igual, no quería dejar ir.
Espero seguir disfrutando y aprendiendo de ti vida, ya que eres una dura maestra; pero justa y sé que en esta carta me quede corta de palabras y enseñanzas que me has dado. Pero aún nos queda tiempo, vamos despacio.
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